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En este espacio me centraré simplemente a contarles la Gala de Flamenco; el artículo de opinión sobre todo lo que la rodeó vendrá aparte.
Aforo a reventar en los Jardines del Generalife para uno de los espectáculos “todos los públicos” del Festival. El flamenco tiene tirón en Granada aunque el equilibrio entre cante y baile no existiera en esta propuesta. Y es que el cante de acompañamiento distó un poco de lo deseado y menos si se recurre a letras que en algunos momentos rozaron lo vulgar.
Pero el principio fue perfecto con un martinete respetuoso y puro que abría la noche, dando paso al inicio de los cinco bailaores. Cada uno con su tiempo sobre la tarima dieron lugar a que la malagueña Diana Navarro apareciese a protagonizar unos minutos de “corta y pega” que no sentaron bien a los más puristas y engancharon por otro lado a los menos acostumbrados a estos espectáculos.
Diana estuvo bien en sus coplas aunque forzada en esa tendencia al gorgorismo que le hará vender mucho discos pero la terminará encasillando en un estilo que podría reventar si quisiese. Cuando “asaeta” su voz si hace el silencio y eso se agradece. La pena fue la injusta coreografía de Ramón Oller que acompañó sus letras. El punto intermedio entre lo clásico y lo flamenco no llegó a cuajar en ningún momento por mucho duende y miradas que cruzasen Merche Esmeralda y Nani Paños. Forzado muy forzado.
La farruca de Nani Paños fundamentó división de opiniones. Un estado de posicionamiento que es bueno ya que vemos que el público evoluciona al igual que el arte. Pero llegaba el primer terremoto de la noche. Merche Esmeralda salía sola a cerrar la primera parte de la gala por soleá. Se estrenó el violinista y el ritmo volvió a despertar al respetable. Manos y brazos sin igual que se combinan con un desafio constante a la ley de la gravedad cada vez que doblaba su cintura buscando una posición de 180º.
Fuensanta La Moneta bailó todo y más después del descanso. El cante estuvo brillante en esta seguiriya y su estilo, puro, como si nunca hubiese salido de “La Rocío”. Nada contemporáneo en sus formas, solamente respeto por la tradición y despedida junto al percusionista y los cantaores en pie. Nunca un cuerpo en movimiento hipnotizó a tres hombres de esa manera.
Traje blanco y muchas ganas de agradar fueron el santo y seña de Joaquín Grillo. Paco de Lucía lo mandó al estrellato pero el jerezano ha sabido mantenerse por su cuenta y riesgo. Por alegrías de su tierra estuvo inmenso con taconeo cinco estrellas y un toque teatral muy sutil. Un punto de partida excelente para las dos últimas escenas de la noche.
Manolo Marín y Merche Esmeralda protagonizaron un mano a mano de complicidad y amistad. Diez años de diferencia pero muchas vivencias juntos. No creo que tuviesen que ensayar mucho para estos tientos y tangos. Marín dirigió a Merche por última vez en el 2006 y ayer por la noche ambos montaron una coreografía muy de tablao que precedió al fin de fiesta bastante pasadas las doce y media de la noche.
Vuelta a casa andando y pensando en el artículo de opinión.
JMRojas www.granadaenlared.com
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