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Desde el disco de 1972 ‘Conference of the Birds’, Dave Holland es una estrella absoluta con nombre propio. De sus colaboraciones nada se pude añadir a las lista de sus compañeros: la crema. El bajista se ha construido una carrera inmaculada en la que cada nueva aventura es una gozosa invitación y la de anoche de talla XXL.

El concierto se abrió con parte de su disco ‘Live Birldland’ , grabación en directo de este quinteto que el viernes llegó a Granada. ‘Prime directive’ fue el comienzo de un concierto en el que la confianza entre los miembros y los años que llevan juntos determinó una precisión absoluta.

La influencia del tamaño orquestal con el que han estado trabajando en estos últimos años (todos ellos provenían del etapa ‘Overtime’) estaba presente en la exactitud, interpretación y en reparto de papeles de los arreglos. Holland estaba pletórico de facultades y talante, y su cara mostraba satisfacción por el trabajo de todo el quinteto, presentando y agradeciendo su trabajo a los compañeros de escenario y manifestado, una felicidad absoluta por lo que estaban fabricando. La gran técnica de cada músico no enfriaba su mensaje sino que engranaba en un todo ta coherente como accesible. El sonido fue limpio y directo, con virtuosismo pero sin florituras gratuitas, ni enredos pirotécnicos, todo estuvo en su sitio, apuntalando un conjunto, a ratos gigantesco.

El pianista Jason Moran sustituyó por enfermedad a Steve Nelson, y aunque recién llegado consiguió ponerse a tono e imitar desde el órgano Fender al ausente vibrafonista. El jovencísimo Nate Smith fue el motor del grupo, lanzado siempre y con una polirritmia desbordante y casi siempre orientada hacia el funk moderno. Chris Potter es sinónimo de seguridad, rotundidad, autoridad y por momentos picos de urgencia. Mientras que el tercero en concordia es el trombonista Eubanks, de codo ligero, sonido grafitado y un discurso muy fluido y articulado para lo habitual en su instrumento. El jefe no se prodigó mucho, su habilidad para construir líneas melódicas altamente sensibles no tiene igual, engrudo gomoso para cohesionar la impulsividad multidireccional de su compañero de sección.

Entusiasmaron a los asistentes que obligaron al quinteto a regalar una pieza fuera de contrato y tiempo, ‘Dream of the elders’, la más antigua de la noche, del disco del mismo título y perfecta para decir adiós al que probablemente sea ya el mejor concierto de la edición 2006 del Festival de Jazz de Granada.



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