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La cantaora granadina Estrella Morente despidió ayer su temporada de conciertos en el Palacio de Congresos de Granada, donde mostró su espectáculo 'Pastora 1992', antes de actuar en el Tol Hall de Nueva York, donde se presentará el 3 de febrero con su cante más tradicional.
En Granada todo comenzó con proyecciones y la voz de Enrique Morente sobre palabras pronunciadas por Lorca en el primer Concurso de “Cante Jondo”. Este evento reunió a ilustres personalidades de la época como Manuel de Falla, Gómez de la Serna, Andrés Segovia y el propio Lorca en torno de “fenómenos del cante” como Pastora Pavón, La Niña de los Peines.
Las proyecciones se fueron tornando negras, como la historia de España y llegamos al drama de la guerra civil, la muerte de hermanos y la salida de intelectuales de nuestras fronteras. Fin de la parte intelectual del espectáculo que muchos no comprendieron pero que respetaron en silencio.
Casi veinte artistas en el escenario comienzan a derrochar arte por los cuatro “costaos”, una rueda de cante y baile con la figura femenina como portagonista que se convierte en una auténtica fiesta por la entrega que se pone en cada movimiento y en cada palabra. Enaguas a la luz incluidas.
Entra Estrella a escena e ilumina todo. La artista rezuma sabiduría en las tablas a los 26 años y primero en compañía del grupo de laúdes y bandurrías del Albaicín para más tarde dejarse escoltar por el cuadro flamenco comienza su tributo a grandes mujeres como Imperio Argentina o Pastora Pavón. El baile de la granadina no es técnico pero está lleno de sentimiento y fuerza, en la línea de Lola Flores.
El espectáculo sigue su curso y todos tienen oportunidad de mostrar sus credenciales artísticas gracias a la excesiva generosidad de la creadora de una nueva manera de entender lo tradicional. Una mujer que presentó al bailaor Juan Andrés Maya con el que intercambió los papeles de la pareja que formaban Lola y Manolo Caracol. Momento cumbre sin duda. Estrella tiene que vivir flamenco hasta al ir a recoger a su hijo al colegio.
Una fiesta comedida que acabó demasiado pronto, cuando la gente quería más ya que hora y media sabía a poco. Las cosas duran lo que duran y el flamenco ya es eterno gracias a la labor de grandes como los Morente que lo acercan a todos los públicos haciendo lo que quieren y sin ningún miedo a los cánones establecidos. Y es que poner una mesa de conferencias y bailar sobre ella es una iconografía de valor y casta.
JMRojas www.granadaenlared.com
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