César Requeséns


JMR: Ya van unos pocos de escritores licenciados en Derecho en esta sección. ¿La toga inspira o asusta el dedicarse a la abogacía?

César Requeséns: Ni una cosa ni la otra. La lista de estudiantes de derecho que acabaron perpetrando novelas es extensísima (Cela o Lorenzo Silva son sólo dos buenos ejemplos). Lo que está claro es que, salvo las truculencias de los casos penales (con asesinatos, robos o estafas que pueden llegar a ser la mar de imaginativos) en general, el derecho (que es ciencia jurídica) tiende a eliminar la imaginación debajo de las togas. Se atiene a los hechos.

JMR: Pasas pocos años en Melilla, para venir a Granada y después recorrer mundo. Desde hace 12 años estás otra vez en territorio nazarí. ¿Qué tiene esta ciudad para atraparnos a todos?

CR: Tiene un imán del que es muy difícil librarse, porque aquí, con sólo darte un paseo por las calles consigues reconciliarte con la belleza, que es curativa. También hay una cuestión más práctica: en Granada sigue siendo muy difícil dar los primeros pasos laborales porque la iniciativa privada sigue prefiriendo una cuenta a plazo fijo que arriesgar los cuartos en desarrollar ideas que generen riqueza. Una pena. Pero cuando vuelves, vives un reencuentro, como si la ciudad fuera una amante.

JMR: Háblanos un poco de www.eloteador.com, la revista que diriges por internet.

CR: Es un empeño por romper el cerco intelectual que esta ciudad impone. Culturalmente, Granada acaba siempre mirándose en ella, y por eso he montado una revista que, desde el número 0 se propone ser internacional (con una red de ‘oteadores’ o corresponsales en ciudades como Tánger, Berlín, La Habana, Atenas o París) que rompan el aislamiento y nos muestren el mundo con sus noticias. También es un intento de invertir el orden de las cosas: es una revista cultural que informa de la realidad, pero contada por gentes de la cultura, y desde el primer momento muestra un sello que dice ‘El oteador: zona libre de publicidad y subvenciones’, que como todos sabemos son las mordazas de la información en los tiempos que corren.

JMR: Te has aventurado a crear tu propia editorial (PuraVida). ¿Que línea de publicaciones va a seguir?

CR: PuraVida nace de la Asociación Cultural que presido desde su fundación en 2001. La idea era montar un colectivo que militara en el concepto puravida, es decir, la vida que está detrás de lo superficial. No hay muchas personas PuraVida, ojo. Empezamos en Málaga, donde vivía en ese momento, y dabamos clases de tai-chi y talleres de escritura. Ahora, cinco años después, colaboramos en Málaga con el Ayuntamiento como alternativa de ocio nocturno y en Granada con talleres y actividades literarias. La editorial pretende publicar sólo literatura de calidad y libros ‘con médula’, literatura más allá de lo comercial y sobre todo a los autores que nos gusten.

JMR: Desde la portada del Tio Sam hasta la página 139 de "El supermercado del espíritu", estamos ante una metáfora que asusta entre sutiles carcajadas. ¿Ves esta decadencia tan claramente reflejada en el mundo actual?

CR: El último baluarte de este mundo decadente es la existencia misma de un presidente del país más poderoso del planeta, George W. Bush, que ni suscribe el Tratado de Kyoto, ni consigue cazar a un terrorista llamado Bin Laden, ni retira las tropas del último Vietnam que es Irak, ni libera a los presos ‘ilegales’ de Guantánamo. Bush es el adalid del american way of live, del capitalismo rampante que yo critico, un pensamiento tan débil que necesita simplificar la realidad para entenderla. En la novela, cuyo ‘héroe’ es un pensador llamado Ión Illescu (un nombre rumano) sugiero que ese sistema tiene su contrapeso en la vieja Europa y su tradición humanista. Creo que Europa le va parará los pies a Estados Unidos, como haría un buen padre con un hijo que quiere hacer dinero a toda costa olvidando los principios.

JMR: Desde el mundo de la sociología y la antropología, muchos autores han apostado ya por el modelo de las religiones " a la carta" (cada uno toma de cada una lo que quiere) ¿A qué crees que se debe este fenómeno?

CR: No soy teólogo, ni sacerdote. Tampoco sociólogo o antropólogo. Sólo he escrito una novela sobre los peligros de tomar como religión el beneficio empresarial, la satisfacción de nuestra codicia como medida de todas las cosas. De manera fortuita he acabado criticando, sí, las religiones a la carta, la New Age (que curiosamente nació en Estados Unidos), que es lo que ofrece el Supermercado del Espíritu que inventé para ambientar la narración. En él puedes coger lo que te gusta de cada filosofía, religión o camino de realización personal y dejar el resto, lo desagradable, lo que no te satisface superficialmente. Pero queda claro en la novela que esto, a la larga, no funciona, porque las religiones y filosofías son modelos completos, y si coges sólo una parte, no llegas al resultado que te propone. Esto me lo recordó hace poco, mientras le hacía una entrevista, la best-seller espiritual del momento, la princesa Alexandra Borghesse (autora de ‘Con ojos nuevos’), y le tengo que dar la razón en lo que decía de que hay que coger las religiones en bloque, aunque ella se haya ido hacia el lado integrista de lo religioso y a mi me atraiga más el lado abierto y liberal de las creencias.

CR: Lo de la ‘religión a la carta’ pienso que es la gran trampa, el gran engaño: Un poquito de yoga, otro tanto de Astrología, un estudio de tu numerología y una buena romería de la Virgen de la Cabeza, y, hala, a seguir sin resolver los problemas de fondo. Para reconocer los problemas que te impiden ser feliz no hace falta todo eso, sino honestidad con uno mismo. Pero esa receta no suele gustar, claro.

CR: Cualquiera que tenga la suficiente edad sabe que no hay avance sin renuncia, ni maduración sin un poquito de dolor, ni aprendizaje sin esfuerzo. Pero estos planteamientos, tan poco hedonistas, no atraen hoy a nadie, no venden. Y lo que está claro es que las verdaderas religiones no venden, sino que llenan.

JMR: El sexo, la religión y el arte. No dejas títere con cabeza en esas páginas. ¿Tan mal ves al ser humano?

CR: Religión, arte y Filosofía son, como arquetipos clásicos, las tres caras de una verdad superior en este mundo. De un modo u otro, todos tenemos necesidad de verdad en nuestras vidas. Lo que cualquiera intuye, sin llegar al pesimismo, es que algo le pasa al ser humano en este mundo tan complicado, tan engañoso. No descubro nada con esto. Sucede que a veces, para encontrar algunas verdades tienes que arramblar con todo, criticarlo todo para ver qué hay de limpio en lo que te queda. Si he incluido en este ajuste de cuentas con el mundo a ciertas formas de sexualidad (algo que ha escandalizado a algunos por incluir sexo explícito en el primer capítulo de una novela que habla de religiones) es porque la obsesión por el sexo que se está imponiendo (siendo el sexo algo tan positivo y apetecible, sin obsesiones ni atracones, claro) de algún modo distrae la atención de algo más de una positiva introspección, en la linea de aquel “nosce te ipsum” socrático que colocaban en los templos griegos. Retomando el ejemplo tan socorrido de antes, si Bush se hubiera aplicado esta máxima, además de llevarse algunos decepciones con ese autoconocimiento, seguro que no habría invadido Irak, por ejemplo.

JMR: ¿En un mundo real es posible el ocio sin negocio?

CR: Absolutamente. Contemplar una puesta de sol durante una o dos horas es una forma de ocio tan gozosa como gratuita. Y si la compartes con alguien, encima estás regalando belleza y diversión a manos llenas sin tocar siquiera el bolsillo. Es la paradoja de que lo que más disfrutas es lo que tiene más valor y muchas veces menos precio.

JMR: Sin embargo encontramos vías de escape en hombres de pelo largo y vaqueros y otros de dentro del sistema que se replantean su situación ¿Son salidas reales o solamente utópicas?

CR: El hombre de pelo largo y vaqueros de la novela es la encarnación del hombre renacido, del espíritu encarnado. Todos me dicen que es Jesús, pero yo en él veo a Jesús, a Buda, o a Confucio. No dicen nada en casi toda la novela, pero con sus actos demuestra qué tipo de persona es. No compra nada, porque sabe que la felicidad está en su interior y en el compartir. Para mi esto es una realidad utópica que vivimos todos los días. Hay gente dentro del ‘sistema’ que se replantea su situación, claro, porque en un sistema así, de capitalismo inhumano, replantearse las cosas es estar cuerdo en mitad de un mundo de locos. En la vida real creo que este replanteamiento es lo que está conduciendo a tanta gente hacia la ecología, el abandono de trabajos despersonalizantes o la búsqueda de formas de vida más acordes con uno mismo.

JMR: Pienso que "Soul & Heaven MarketPlace" puede gustar mucho a los hombres de fe ¿Qué crees?

CR: Me alegra que me diga esto, pues he recibido muchas críticas por ser tan duro con el hecho religioso mal enfocado. Pero yo lo escribí precisamente desde la fe en el ser humano y en su capacidad de liberarse de ataduras y de esquemas que no le conducen a ningún lugar. Los que leen la novela y se sienten ofendidos más que interpelados me demuestran que no han captado el sentido profundo que yo le imprimo. Además, le dedico el libro a tres personas de gran fe que me enseñaron a avanzar por mi mismo, que es a lo que invito a cualquier lector, a que busque la verdad personalmente, sin que le vendan paraísos.