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Lección de malos modales
Esta mañana, leyendo las noticias, he visto una que me ha provocado una mezcla de risa e indiganación. Y es que está muy bien opinar sobre cosas que nos pueden parecer mejor o peor pero más interesante es hablar de algo que se conoce desde dentro, al igual que interesante es leer sobre ellas y lo poco que han cambiado.
Todo este chorro verbal que acabo de tirarme es por el titular que me ha sorprendido esta mañana: "Los Universitarios se quejan del trato que reciben de los funcionarios". Cualquiera que sea o haya sido universitario en esta ciudad sabe de lo que hablo. Interminables colas para demandar asignaturas optativas (sí, cuando yo empecé a estudiar aún no existía la automatrícula) y cuando al fin consigues llegar a ese despacho y sentarte te informan, con maneras dudosamente educadas, que no quedan plazas. Que no quedan plazas para tí, debe ser, porque para el que entra después de ti sí que hay.
Ejemplos como estos hay mil, todos caracterizados por la falta de modales y ganas, sobre todo, a la hora de trabajar y atender a la gente. Y no es que yo critique a los funcionarios por norma, no, critico especialmente a unos que no citaré por respeto pero que hicieron de mi paso por la Facultad un auténtico calvario. Y es que ellos deben de pensar que su trabajo consiste en comer almendras, y asegurar sin el menor atisbo de duda que todo lo que tu planteas es absolutamente imposible de hacer, siempre te faltará algún papel para solicitar algo y cuando por fin lo consigas (que normalmente serán ellos mismos los que los harán), se te habrá pasado el plazo.
Todas estas situaciones llegan a crispar el alma cándida de ese estudiante que llega a la universidad por primera vez y afrontar una mañana de burocracia académica se convierte en un gran reto. Y después de tus años de universidad, cuando por fin terminas, lees noticias como estas y no puedes evitar el sonreir y a la vez sentir pena por los pobres a los que les toca sufrir ahora. Debe ser la mala follá, aunque más bien me temo que esto es y será un problema universal.
Me mata la curiosidad de saber lo que piensan los "simpáticos" funcionarios que atiende tan "amablemente" a los alumnos hasta el punto de que éstos los han obsequiado con una reclamación a la Defensora Universitaria. ¿Cuáles serán sus excusas o explicaciones?, que atender peticiones de todos los alumnos quema mucho, o quizá que los alumnos sólo quieren que se les solucionen sus problemas y para ello llegan exigiendo y bla, bla, bla. Me da a mí que esta gente sí que pensaba que la vida de funcionario era pegarse la vida padre y esto les ha ocasionado una decepción enorme. En fin, "cada palo, que aguante su vela", por no decir otra cosa.
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