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Los gritos

Mil veces en el cine hemos visto los dramas familiares que se vivían cuando la niña mona e inocente de la familia decía: "Mamá quiero ser artista". Hoy el terror no es el mismo ya que saben que lo peor que les puede pasar a sus cachorros/as es que se vayan a estudiar a Madrid trabajando mil horas en cafeterías y compaginando el sector servicios con los casting y las proposiciones sexuales deshonestas. Las más listas se irán al lado del famoseo y las pocas elegidas comenzarán una brillante carrera.

El problema en nuestros días es cuando los chiquillos se acercan a sus padres y les explican que lo que ellos quieren es ser árbitros. Normalmente de fondo tendría que sonar un coro griego acompañando una preciosa elegía. Ese niño con todas sus buenas intenciones va a sufrir más que Edipo. Recibir insultos de anormales desde la tierna infancia tiene que traumatizar. Que tus compañeros de colegio de cursos inferiores te miren mal y sus padres no dejen de lanzarte indirectas debe ser un horror.

Yo cuando jugaba al balonmano era bastante protestón con los colegiados pero creo que únicamente les falté al respeto cuando un compañero estaba sangrando por la ceja y no paraban el partido (también hay tontos entre este colectivo).

Lo de los árbitros únicamente es una gota de agua. Todos le queremos gritar a alguien para expulsar nuestros demonios, para sentirnos superiores y poderosos. ¿Qué hace un señor de 40 años insultando a un chaval de 15? Realmente lo que hace es vomitar sus frustraciones, dejar de ser el reprimido de la semana para pasar a convertirse en el polémico chillón que tanta gracia hace en mucho actos públicos. Lo que desconoce el sujeto es que la gracia en estos casos es sinónimo de humor producido por el ridículo.

Todo esto viene de charlar con un chaval árbitro que no llega a los 13 años y que me parece mucho más maduro que cualquier niño de su edad. No daré ni nombres. ni categoría, ni deporte. Él no servía para practicar una disciplina por lo que decidió intentar ser la persona que impartiera las reglas. Ama tanto su deporte que no lo va a dejar aunque me comenta que su padre está harto de llevarlo a pitar y tener que callarse para evitar conflicto. Espero que alcance sus sueños y que dentro de diez años me dé una entrevista recordando estos tiempos como algo anecdótico. Ya sea por ley o por cambio de mentalidad, los únicos animales que deberían verse en los campos tendrían que estar pastando y no mancillando algo tan bonito y noble como es el deporte.

JMRojas www.granadaenlared.com



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