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El descanso de las vacacionesHa llegado ese parón del año que todos ansiamos para desconectar durante dos o tres días del mundanal trabajo y escapar a lugares recónditos o no tan recónditos relajándonos en paradisíacas playas o en tranquilas laderas de las montañas. Yo he conseguido la misericordia de mi jefe y me marchó a Málaga, mi ciudad natal, donde mis padres pensé que me esperarían con manjares dignos del hijo pródigo. Lástima, me comunicaron hace unos días que desde el jueves previo a las fechas señaladas y hasta el Viernes Santo se marchaban a un hotelito en Marbella para seguir disfrutando de su maravillosa jubilación a unos precios de risa por reservar con tiempo y contar mi padre con ocio para darse un garbeo a diario por las agencias de viaje de la cuna de Picasso. La sorpresa que me llevo, no sé si agradable o desagradable, es que al llamarlos ayer para preguntarles en casa de que vecina me dejaban las llaves de mi placentero hogar, me dicen que ellos mismos me las darán gustosamente en mano ya que el miércoles por la mañana regresan al punto neurálgico de nuestro clan. Yo no tenía planes de fiesta universitaria de camisetas mojadas ni nada por el estilo, pero me apetecía mi casa poblada de algunos selectos amigos que aún conservo por esas tierras hasta altas horas de la noche. En Málaga, como en casi toda España, sino deseas entrar en el mundo cofrade lo mejor es que te quedes encerrado o te marches a algún centro de ocio de las afueras donde comer rodeado de "insociables pecadores" como tú. Tras una carcajada que no pude contener, mi estimados tutores dudaron de si ellos mismos me habían engendrado y me recordaron que les debía un almuerzo que prometí por el día del padre y los 67 años de mi madre. Almuerzo que se pagará en un restaurante donde logré reservar mesa tras casi tener que recurrir al chantaje económico a través de Paypal. ¿En esto se han convertido tres o cuatro escasos días de vacaciones para los que no estamos en edad escolar ni somos funcionarios? Si el ritmo de la jornada laboral la mayoría de los días es estresante parece ser que el de unos días de descanso solamente se calma cuando el lunes (o el martes en otras Comunidades Autónomas) volvamos a la rutina. Unos dirán que bendita rutina, otros que se lo han pasado muy bien, a pesar de que no lo piensen. Yo únicamente aspiro a un poquito de "pescaito frito" sin el aceite quemado y poder tomarme algo con mis amigos no teniendo que salvar la bebida de miles de codos que pretendan abrirse paso hacia la barra cueste lo que cueste. Mis padres han desistido. Yo moriré en el intento. Buenas vacaciones. JMRojas www.granadaenlared.com |
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