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Diario de Godofredo de Minglanillas: La visita a los infiernos


Hola estimados lectores de un medio más digno desde que formo parte de su plantilla. Lo que viví el pasado viernes en mis carnes les juro que me dejará marcado para toda la vida.

Me atreví a visitar el "hogar" (término poco adecuado para definir el espacio en cuestión) de mi compañero de trabajo, el personajillo de Granadaenlared. Nada más entrar percibí un olor a ambientador que suele ser signo de debilidad en temas de higiene; reforzado por un abrazo, que el anfitrión me dió sin caer en la cuenta de que el líquido de su copa para nada hacía juego con mi camisa beige de Pedro del Hierro, preveía una tarde de aupa.

Al entrar al baño para asearme del incidente vivido con el gorila en cuestión, el sentimiento de triunfo no pudo ser mayor. El aseo parecía sacado de un episodio de alguna película de los años 50. Hay que resaltar el olor a limpio, pero cuando vean las fotos comprobarán que la modernidad es un concepto que no ha entrado a ese templo de la intimidad que debe ser un "toilet". Desconchones, lámparas de la primera revolución industrial y unos botes de anticelulítico que hicieron que una carcajada blandiese mi rostro. Todo está registrado y pronto a su disposición

Al salir de allí con unas instantáneas todo lo que viniese después estaba dispuesto a soportarlo estoicamente. Tras presentarme a sus compañeros de grupo y a los amigos allí concentrados me dí cuenta de que ambos vivíamos en dos mundos totalmente opuestos. Observaba un montón de menores de 35 años que ocupan puestos destacados en la sociedad granadina pero que desean alcanzar el viernes para sacar su traje de rebeldes en conciertos y actividades que no son otra cosa que botellones bajo techo con música en directo. Un sentir que poco se diferenciaría de momentos en la Huerta del Rasillo sino fuese por el nivel económico que allí se palpaba y las inquietudes culturales que escasean en muchos sectores del bebercio extremo. Todos menos uno con un buen fondo de cartera. ¿Adivinan quién?

De la reunión debo destacar a dos individuos con cierta similitud a los abuelos de los Teleñecos pero con cuarenta años menos. Dos gruñones chinchosos que no paraban de lanzarse puntilladas entre ellos y a analizar su trayectoria vital de la que han compartido mucha en común ya que me comentaban que habían cursado las dos Arquitecturas juntos. Al ponerme un whisky empecé a relajarme y aquello casi consiguió envolverme por una música bastante bonita (el imbécil no canta mal) y la asistencia de dos preciosas damas de armas tomar. Mónica y Sara, de hecho con la animación etílica le dí mi tarjeta a la primera obteniendo de ella un "ya te llamaré" en un tono de "prepárate gorrión".

"Al final el mendrugo del redactor no será tan mala persona", me dió por pensar eso. Iba a desistir en mi labor de desprestigio y unirme a la secta de los "culturetas" cuando llaman a la puerta y veo que entra ese ángel que es Teté Dalsien. Con un mono de cuero en plan "busco a Jack", sin nada debajo. En ese momento me iba a caer de la impresión, aunque lo que pasó es que JMRojas me sostuvo educadamente y le dió un beso de los de película que empieza cuando se acaba el día mientras le palpaba la cintura baja.

¡Otra bofetada en la cara ante la que nada podía hacer! Marcharme hubiese sido de mala educación por lo que volví al salón a la vez que los tórtolos entraban al cuarto de JMR para tener un poquito más de intimidad. Me puse a hablar con uno de los dos "abuelos", un tal Pepelu, muy majo, con un corte de pelo a lo Brandon Walsh. Un chico que pretende ser eternamente joven y me comentaba las virtudes de ciertas recetas de dulces. El otro abuelo intentaba cantar un tema de Nacho Vegas, y hasta yo tuve que reirme de su "irregular tonalidad"; si el individuo proyecta como entona que por favor nadie deje en sus manos una futura edificación.

El alcohol hacía efecto en todos y comenzaron a llamar para pedir vehículos que los acercaran hasta La Telonera con el fin de asistir a un concierto del que yo me excusé por tener una cena de negocios Me despedí de todos, incluyendo a los "amantes de Teruel" y bajé por el ascensor con más ganas de revancha que nunca.

Pronto les haré partícipes de mis planes, únicamente puedo informarles que Pepelu está de mi lado. Hasta entonces me despido. Godofredo de Minglanillas.



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