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Un ser exacto a ti


Me resulta poco menos que imposible no ponerme crítica ante un día como el de San Valentín. Hace algunos años resultaba ser un día más o menos normal en el que las parejas rendían tributo a su amor y se intercambian pequeños obsequios como simple muestra de un afecto sencillo y bello.

En ese día lo importante era saber que la persona a la que amabas estaba más presente para ti que cualquier otro día, y que tú estabas también más presente para ella. Era de esperar una llamada especial, una carta de amor, una flor… algún pequeño detalle para reforzar un amor que existía. Se buscaba un regalo personal, llegar al corazón del amado entregándole algo que tuviese significado para los amantes.

Hoy, en el día de San Valentín, se concentra todo el amor de un año, es un despliegue de medios, para conseguir ser original y sorprender. No se repara en gastos para demostrar un amor que se materializa en ramos de flores, bonos de masajes, joyas valiosas, cenas en espectaculares restaurantes o extravagancias al modelo americano, con su obsesión por el chocolate.

Durante unas semanas las páginas de Internet lucen su tono más rosa y se plagan de poemas, anuncios de envíos de flores, postales y demás recursos de amor que desaparecen pasado el 14 de febrero, como si no necesitásemos un te quiero cada día, una masaje a la semana y una rosa, de vez en cuando.

El amor es un sentimiento y como tal no se puede manifestar físicamente. Cuando se materializa en un anuncio de "Añada 6 rosas a su regalo por 35 €" pierde parte de su sentido. Cuando el amor se pesa y se mide deja de ser un sentimiento inmaterial, cuando se convierte en una obligación deja de ser altruista y generoso. Deja de ser amor.

Y, por si fuera no fuera bastante, además estos días andamos todos locos buscando algo que deje extasiada a nuestra pareja, nos preocupa no tener un buen regalo con el que demostrar lo importante que es para nosotros, cuando tenemos tan cerca el regalo más valioso, el de nuestra comprensión y nuestra cercanía.

Si pensásemos en todo esto viviríamos el día de San Valentín como si fuera un día más, celebrando el olvido de los rencores y el abandono de los reproches, con la sonrisa de quien ama. Nos preocuparíamos de agradecerle a esa persona, que nos hace sentir tan especial, que este a nuestro lado y que no de importancia a nuestras manías. Agradeceríamos los besos que nos dio y las alegrías vividas.

No importa como se haga, se trata de ofrecer algo de uno mismo, recordando que una burda frase que salga de tus propios labios y de tu corazón es más linda que el más bello poema de Neruda.

El 14 de febrero recordemos que amar es compartir sin tener la sensación de renunciar, es lograr que el otro se sienta en libertad a tu lado y acostarte cada noche diciendo, como decía Ángel González, "Si yo fuera Dios /y tuviese el secreto, / haría / un ser exacto a ti".

Cristina Manrique www.granadaenlared.com



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