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Diario de Godofredo de Minglanillas: El brunch de los Dalsien (II y ¿final?)
Saludos lectores de www.granadaenlared.com. Disculpen si me he retrasado unos días en mi entrega semanal pero es que argumentar lo sucedido en el brunch de los Dalsien sin caer en una situación peligrosa para mi salud se está convirtiendo en toda un aventura. Hay cosas que nunca entenderé y sin embargo, ocurren.
Al llegar a la residencia de los Dalsien, tras abonar al taxista una carrera prohibitiva toqué un par de veces al timbre de manera sosegada. Otro consejo amigos, al timbre no se toca como si se fuese la vida en ello. Un timbre es una señal de aviso y no una de alarma. Si alguien le espera estará atento a su llegada y al primer tono, mecánico o electrónico, se dirigirá a recibirlo. En el caso de que vaya a una casa donde se disponga de criados se tendrá que insistir un poco más ya que podrían encontrarse realizando alguna tarea doméstica lejos de la puerta y no escuchar el sonido.
En mi caso me recibió la ayuda de cámara de Teté, Manuelka, una eslovaca de madre y muy señor mío que levanta pasiones en Jeremías desde que la vió por casualidad en una foto. Tras darle mi chaqueta para que la llevase al guardarropa, la pequeña de los Dalsien apareció totalmente informal a mi encuentro con un conjunto Fumarel que haría hablar a los muertos. Dos besos formales y un intercambio de piropos de cortesía después, nos encontrabamos en su patio andaluz, decorado con cerámica de fajalauza y unas series de ánforas rescatadas de las costas motrileñas sin ser dadas de alta en patrimonio histórico.
El padre de Teté llegó con un zumo de naranja en la mano y comentando que anoche no había salido de casa por importantes asuntos familiares. Los importantes asuntos familiares medían 1,80m, tenían el pelo rubio, no más de 30 años y unas medidas que rozaban la parada cardíaca. Nos la presento como Enka, su nueva secretaria alemana. Con un perfecto castellano se dirigió a nosotros y tomó asiento al lado de Frank en una mesa donde podría haber comido un tercio de Flandes. Justo en el momento en que me disponía a servirme un café, sonó el timbre y Teté muy excitada se dirigió personalmente a abrir. Comencé a sudar por el interés de la chica ante otro invitado. Cuando llegó bromeando con un chico medio calvo y con gafas de pasta creí morir: El invitado que Teté sostenía en carantoñas no era otro que el pardillo de www.granadaenlared.com.
Ella lo presentó a su padre y cuando se disponía a hacer lo mismo conmigo, el simplón me suelta un "¡Qué pasa Fredo!". Maldito zoquete, que falta de clase, que poca lucidez mental. Pero lo peor es que todos se ríen como si un niño pequeño hubiese hecho alguna cucamona. Teté se sienta junto a él y le prepara una tostada de roquefort. Ella explica que tras su desafortunado paso por el flamenco, una noche decidió perderse por Planta Baja y se enamoró de la voz de un chico que cerraba los ojos mientras cantaba. Ese chico era el panoli de mi compañero de trabajo.
Yo no sabía que hacer, solamente sonreír de la manera que ocultase más mi sentimiento de repulsión ante un imbécil al que le había tocado la lotería. En ese instante el niñato era el nuevo capricho de Teté y aunque sabía que él tenía novia, ella haría todo lo posible porque desapareciera. Mientras tanto contaba emocionada que la llevaba a todos los pubs independientes de Granada y que le había presentado a un montón de gente de la movida granadina que debían padecer algún problema de próstata ya que iban con mucha frecuencia al servicio.
Frank pellizcaba disimuladamente el culo a Enka y cuando la princesa de los sueños dió un beso al niñato donde la mejilla pierde su nombre yo me levanté excusándome por una llamada de teléfono. Un despojo social me estaba ganando una partida en la que ni siquiera había comprado fichas. La suerte del tonto.
Al volver me despedí de todos alegando un imprevisto de última hora ante lo que nadie pareció contrariarse demasiado. Allí había dos parejas en toda regla y yo simplemente era el convidado de piedra que sobraba.
La venganza es un plato que se sirve frío y mi cerebro es un congelador.
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