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Alcorcón
Ayer me llamó un conocido de Alcorcón. Mejor dicho lo llamé yo pero no se encontraba disponible y a última hora de la noche me devolvió el telefonazo. Hacía un par de años que no charlaba con él, pero siempre nos ha unido una sana rivalidad en el balonmano y diferentes temas políticos. Es un tío muy majo, trabaja en Madrid dentro de una consultora finaciera, se encuentra alrededor de los treinta y desde los 25 habita en esta ciudad. Un dormitorio de Madrid donde el tráfico es un infierno y el transporte público la única manera de llegar puntualmente a la capital de España.
Una vez que les he presentado a X (no diré su nombre) los pongo en situación. Le pregunté una serie de cuestiones introductorias hasta que llegamos al tema de las peleas de tribus urbanas y la extrema derecha. Me contó cosas que parecen propias de películas de Harlem, pistas públicas que los lating king te alquilan por nueve euros la hora. Gente con la cabeza rapada que destroza escaparates de comercios bolivianos o ecuatorianos. Una mala mirada en un supermercado o un empujón al cruzar la calle puede desembocar en pelea. En el uno contra uno, como hacíamos en el campo del balonmano, todo era una lucha de caballeros, pero los voceros fomentan una guerra civil de culturas.
No es la voz del chico que conocía, un tío que pesaba menos que yo y que me tiraba al suelo. Nos reventabamos con triquiñuelas en el campo de juego y fuera, al acabar todo, nos tomábamos nuestras primeras cervezas comentado las faldas cortas de las chicas de los pubs y las diferencias entre izquieda y derecha. Ahora X me cuenta que no sabe de que lado está. Que todas las instituciones dicen que allí no pasa nada pero que si pasa. Que su pareja llega de trabajar a las tres de la mañana y tiene que darle dos euros a un tío que cada noche entra en un parking a "ayudarla" a aparcar. Que por la mañana baja a comprar el periódico a un "badulake" sudamericano y lamenta las pintadas racistas de la puerta.
Me comenta que está en tierra de nadie, que mira a los dos lados de la calle y siente un poco de miedo. A X no lo imagino sintiendo miedo, y si lo tiene dejo de tragarme la mierda que sueltan por la boca los politicuchos de Madrid. Si tiene miedo, es que el miedo es real. Perdón por utilizar los términos mierda y políticuchos tan seguidos, son una oda al mal gusto.
Retomamos los temas más agradables, los recuerdos, la emoción y resacas de las que nos levantaban a base de cubos de agua en Giner de los Ríos. Me dice que me invita a Alcorcón a que vea todo con mis propios ojos, yo lo invitó a Granada con un portero a seis metros de nosotros para ver quien besa el suelo esta vez. Son dos combates más. A final de mes me daré un paseo por Alcorcón, ya les contaré.
JMRojas www.granadaenlared.com
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