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Diario de Godofredo de Minglanillas: El sarao de Suso (II y final)
En casa de Suso todos inspiraban repetidamente y a primera vista nadie sufría un posible resfriado. Las conversaciones triviales se sucedían contínuamente hasta que el anfitrión me comentó que estaría interesado en que realizase un reportaje sobre su persona en Granadaenlared. Su propuesta me dejó patidifuso.
Suso de Lago procedía de una familia dedicada a la construcción desde hace más de 80 años en Granada, unos elementos que se habían dedicado a comprar barato y vender caro en el momento histórico adecuado. Fuera de eso su único mérito ha sido comprarse un diploma de Arquitecto Técnico desde los 23 a los 36 años para posteriormente no tocar un puñetero ladrillo. Conoce algo de arte más por el peso de los euros que de la cultura y su revés de tenis es la envidia de todos sus rivales.
De Suso no habría más que contar, que se pudiese contar en público. Le digo que sí, que no hay ningún problema en sacar un reportaje sobre sus duros comienzos en el mundo de la obra hasta la posición que se ha ganado hoy por hoy. Un reportaje de esos de "hombre hecho a si mismo". Suso se ha emocionado y cuando le he dicho que necesito un efectivo para material fungible y desplazamientos me ha soltado un cheque al portador por nueve mil euros. Aquí tenemos al primer pardillo que entra en mi red, mejor dicho en la de Granada.
Ha merecido la pena venir al evento ya que he cerrado algunas partidas de mus, sano hábito español, y algunos nuevos teléfonos para la agenda social. Mi próximo objetivo es una cita con Teté Dalsien, la hija de un genio del petróleo americano que adora nuestra cultura y decidió dirigir sus negocios desde un Carmen. La señorita en cuestión flirteó con un muchachillo que se hacía llamar cantaor de flamenco, creo que su apodo artístico era algo como Angelillo de Deifontes. Con ese nombre no se puede triunfar, y por eso se centró en fundirse parte del dinero de Teté en grabar discos que nunca existieron con la excusa de una mala producción y giras internacionales por los alrededores de recintos que rodean las carreteras secundarias.
El perla dejó a Teté cuando ella se cansó de ser un cajero sin límite de crédito y desde ese momento juró tener mucho cuidado con los hombres. Como verán mi liquidez, hoy por hoy, ha mejorado algo pero estoy en la lista de los morosos con más clase de Granada y a ella no le hace mucha clase mi presencia en ese ranking. Con todo, charlamos amigablemente cada vez que coincidimos y practicamos un flirteo exquisito que ambos sabemos que algún día nos llevará a consumar algo carnal.
Esta vez Teté me cuenta que se ha comprado una escultura original de Franco Duarte, un argentino que va a revolucionar el arte contemporáneo y yo, como si me fuese la vida en ello, la insto a que me invite en próximas fechas a verla. Duarte me importa lo mismo que la poesía polaca, pero un acercamiento a los Dalsien puede ser el espaldarazo definitivo para conquistar a Teté.
La fiesta acaba y nos despedimos. Algunos van a ir a tomar una copa a un pub nuevo que ha abierto un importante empresario de Madrid en la capital granadina, sin embargo yo estoy loco por llegar a casa y meterme en la cama con un buen libro.
Espero que no me haya quedado muy sosa esta primera vivencia. No esperen en mis escritos tanta chabacanería como en los de la tal "Yoli" esa, pero tampoco una aburrida sarta de eventos sociales. Simplemente pretendo convertirme en el Mariano José de Larra de este medio.
Un saludo, Godofredo de Minglanillas.
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