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Llegaron las rebajas


Una vez que pasan los días de regalos, comidas abundantes y despilfarro justificado comienza la temida cuesta de enero.¡Falso!

La tarde del día siete paseaba tranquilamente con la intención de alquilar alguna película antigua en mi amado videoclub cuando un tropel de gente invadía la calle con bolsas llenas de ropa, complementos y zapatos. Como cada año e inevitablemente llegaban las ansiadas rebajas, una etapa vital de gozo para un sector heterogéneo de la población que disfruta buscando la presa deseada entre codazos y colas de probador. Otros simplemente se conforman con ir a mirar y no comprar nada, una práctica que nunca entendí.

El ejemplo más claro es que yo, o voy a la pastelería o no voy, lo que no hago es mirar en el escaparate las tortas suizas y volverme tan contento a mi casa. Mi señor padre diría que en tiempo de rebajas tendría que poner carriles en las aceras cerca de los escaparates para que los viandantes que deseen pasear sin consumir no tengan que aguantar a los inmóviles compradores que no dejan espacio para transitar y miran con mala cara a cualquiera que ose empujarles.

El ir de rebajas se convierte en una tradición de miles de jóvenes que piden a los Reyes Magos sumas económicas para después fundírselas en sus tiendas preferidas. Es una opción práctica ya que de este modo te ahorras tener que tragarte por tripas la horrorosa rebeca de la tía Lourdes o el chandal de dos rayas verticales que tus padres te compran pensando que es una ganga dentro de los precios de esa marca que tanto te gusta.

Pues bien, la cuesta de enero se prolonga hasta febrero cuando las tarjetas de crédito hacen temblar las economías familiares y las empresas de créditos rápidos se frotan las manos como en la cena de Nochebuena mi sobrina Rocio ante un plato de cigalas. Pero pensemos en pasar tardes enteras por Recogidas, Mesones y alrededores disfrutando de gritos, madres histéricas y ofertas inigualables.

Un servidor ya ha estado de compras pero finalmente se ha alquilado un piso, este año mis rebajas consestirán en consumir productos genéricos en lugar de marcas caras de refrescos, limpieza, comida rápida y lácteos. Iba a esperar a marzo para comprarme una zapatillas de deporte con tal de no entrar en la tienda donde las ví, pero debido al bajón que ha sufrido mi poder adquisitivo seré valiente y encararé la realidad: Esta tarde de rebajas.

JMRojas www.granadaenlared.com



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