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Diario de Godofredo de Minglanillas: El trabajo


Mi nombre es Godofredo de Minglanillas, duque de Pulianas y heredero a la corona de Campotéjar. Actualmente resido en un piso en las inmediaciones de Camino de Ronda debido a el "malestar económico" por el que acarrea mi familia.

A mis 43 años me veo en la necesidad de buscar trabajo y sin mayor currículum que mi capacidad de poner una bola de golf donde mi ojo decide y ese "saber llevar" toda la ropa que tenga más de dos cifras me embarqué en la estúpida aventura de montarme en un autobus para ir al INEM. Por dios que grosería de lugar, todo el mundo hacía una cola y al preguntar por la zona vip, me miraron mal y realizaron una serie de descalificaciones que no puedo ni quiero reproducir. A un Minglanillas nadie le habla así, nadie de uno en uno, que cuando son veinte se calla cualquier Minglanillas y pasa a ocultarse entre la tupidez de su abrigo de ante.

Tras un par de horas mirando al cielo y deseando no ser reconocido, un amable funcionario me preguntó una serie de intimidades a las que tuve que responder deseoso de un puesto de director de banco, ejecutivo de una cadena de ropa interior femenina o simplemente una paga vitalícia para que pudiese reflexionar al menos otros 43 años más sobre lo divino y lo humano.

Jocosamente el amable trabajador del Estado me indicó que no había vacantes en los puestos que solicitaba pero que me mantendría al corriente de posibles cambios en altos organigramas de empresas multinacionales. Al darme la vuelta el sujeto comenzó a carcajear en un tono que no me agradó para nada aunque segundos después pensé que el siguiente en la cola le podía haber contado un chiste. Es que en Andalucía hasta los pobres son graciosos.

Mi vida continuaba plácidamente, aunque con escasos recursos, pegado al diván de mi salón cuando a las pocas semanas sonó el teléfono que cogió mi mayordomo, Jeremías. El pobre lleva años sin cobrar pero forma parte de una dinastía que ha servido a los Minglanillas durante décadas lo que lo convierte casi en familiar. Hoy por hoy apostaría mis 123 pares de mocasines a que nunca me abandonaría. Él me adora y yo lo quiero a mi manera. Pero a lo que íbamos, Jeremías trató con su habitual tono cortés y servicial al interlocutor que pensé que era un nuevo cobrador que deseaba que abonase alguna deuda.

No, el funcionario jocoso que ya no recordaba me informó que tenía una entrevista de trabajo en un periódico granadino para ocupar el puesto de cronista de sociedad. ¡Ese era mi trabajo perfecto! De fiesta en fiesta como pez en el agua. Rodeado de los míos, en ambientes selectos y subvencionado por el sútil arte del "gañoteo". Lo único que me incomodó fue la hora de la entrevista, las 09:00h.

Madrugar no me iba a sentar muy bien, pero no decaería en el intento de ser un contribuyente y recuperar el espacio que a los Minglanillas nos toca ocupar en la sociedad granadina.



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