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Granada - Un total de 30.000 personas ha visitado la exposición 'Teatro de Grandezas' en el Hospital RealUn total de 30.000 personas ha visitado desde el pasado 15 de noviembre hasta ayer la exposición 'Teatro de Grandezas', una muestra de la magnitud del barroco sevillano que con sus peculiaridades sociales, ideológicas, políticas, religiosas y artísticas se ha expuesto en el Hospital Real de Granada. La media de visitantes ha sido, según los datos facilitados a Europa Press por la Delegación de Cultura, de 500 personas al día, si bien fue precisamente ayer, el último en que abría la muestra, cuando la exposición recibió más visitas (879). Por grupos han sido 3.500 las personas que han acudido al Hospital Real para contemplar la exposición. Durante los dos meses y medio en los que el barroco sevillano se ha expuesto en Granada, que ha prestado su patrimonio a la capital andaluza dentro del programa Andalucía Barroca que de forma intercambiada en Sevilla y Granada ha mostrado lo mejor de dicho periodo desde el punto de vista artístico, fue durante el puente de diciembre cuando la exposición recibió más visitantes. La muestra ha contado con 122 piezas de las más destacadas del movimiento artístico sevillano en el siglo XVII provenientes de colecciones privadas y públicas, algunas de las cuales se han podido contemplar por primera vez en España. Sevilla jugó un relevante papel en la España Barroca por su importancia intrínseca como capital del valle del Guadalquivir y por ser puerto conectado con el resto de Europa y con América. La ciudad se convirtió a comienzos del siglo XVII en un fecundo foco de cultura y arte y en un privilegiado escenario de importantes acontecimientos, una situación truncada por la peste que a mitad de siglo mermó a la mitad la población sevillana, que llevó a la miseria. A partir de ahí, sobre todo, el arte se hizo "amable", según explicó en la presentación uno de los comisarios de la exposición Enrique Valdivieso, algo que se ha prolongado en el tiempo y que es característico del arte barroco sevillano que se ha agrupado en esta muestra en cinco secciones. Bajo el epígrafe de 'La ciudad' se mostró como durante el Barroco el poder se concentraba en las grandes capitales como Sevilla, sede de un antiguo reino, de un puerto marítimo internacional, de una Universidad y hasta de la Corte. La sección de 'la Fe' analizaba como la religiosidad impregnaba la vida cotidiana y 'El Desierto' aludía a la huída que muchos hombres y mujeres hacen ante las tentaciones del mundo a través de la reclusión en monasterios y conventos. La cuarta, titulada 'El siglo', abordaba la vida social cimentada en las apariencias y finalmente 'La Parca' en la que se reflexionaba sobre la dimensión que la muerte alcanza en esta época. Los objetivos específicos que han guiado el proyecto han sido, por un lado, resaltar la calidad de obras y artistas y, por otro, poner de relieve que el Barroco, pese a corresponder a un tiempo pasado, es una fase de nuestra historia aún preñada de interés. Un tercer propósito ha sido hacer hincapié en el carácter abierto y permeable de la llamada escuela sevillana calibrando el papel que jugaron en su conformación las influencias exteriores. Asimismo, comentaron que se ha procurado contextualizar las obras en su trasfondo social, económico e ideológico. La muestra ha contado con piezas como el retrato de Hasekura de Claude Deruet perteneciente a una colección particular romana que se ha expuesto por primera vez en España y que permite contemplar la figura de un embajador japonés que llegó a Sevilla en misión diplomática y cuyo séquito se quedó en Coria del Río y dio origen al apellido Japón. También se pudo ver por primera vez el retrato del cardenal Gaspar de Molina y Oviedo al que se considera como preilustrado, ya que fue el creador de la primera biblioteca de carácter público de Sevilla. Es un óleo sobre lienzo perteneciente a una colección privada. De Velázquez se exhibió el óleo en el que retrata a Martínez Montañés, considerado el máximo representante de la escultura de la escuela sevillana. De Valdés Leal se mostró El Triunfo de San Fernando un óleo sobre lienzo perteneciente a la catedral de Jaén. El granadino Alonso Cano también estuvo presente a través de una escultura de San Pedro perteneciente a la iglesia de Santa María de la Oliva de Lebrija.
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