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Eva Yerbabuena reinaugura el Teatro AlhambraAntes que nada, dos precisiones imprescindibles. - agradecemos a los responsables del Teatro Alhambra que nos invitasen a la reapertura del teatro; a veces es un honor ser tenido en cuenta - esto NO es una crítica de flamenco porque el que escribe estas líneas no entiende de flamenco, para qué vamos a engañarnos; son sólo una serie de impresiones a vuelapluma después de ver el espectáculo. No sé por qué han sido necesarios tres años para acometer las obras de reforma. El resultado es un teatro pequeño y muy sencillo sin grandes alardes técnicos ni artísticos. Lo primero que llama la atención al llegar es que las paredes del exterior ya están llenas de grafitis y el barniz que las recubre ya tiene pinta de gastado. Igual es un efecto artístico pero más me parece a mí que sólo es consecuencia de la desidia con la que se gestionan las instituciones públicas y más las de la Junta de Andalucía. Cuando se entra, se accede a un vestíbulo relativamente pequeño y muy funcional, sin alardes de ninguna clase, desde el que se llega a la sala (casi todo el mundo entra y entrará por la misma puerta a no ser que se señalice que hay una segunda puerta menos congestionada unos metros más allá) para buscar la butaca numerada (con números más bien pequeños). Los sillones son sencillos y no están preparados para ninguna función adicional (traducción simultánea o audiodescripción, por ejemplo) y el espacio entre butacas es un poco justo; si tu vecino de al lado es un poco gordo, vas listo. La pendiente del patio de butacas hace que la visibilidad sea buena desde todos los puntos. El escenario es suficientemente grande para representar flamenco y obras de teatro, no para grandes producciones de musicales, que tampoco hace falta tanto en Granada. Tiene suficientes recursos técnicos y un par de puentes más para iluminaciones por si hicieran falta.
Como ya he avisado antes de que no entiendo de flamenco, tengo ahora libertad para decir que no entendí el espectáculo de ayer. Sigo sin saber de qué iba, si era una cosa triste o feliz, si era un grito de libertad a un susurro de paz, básicamente por dos cosas: - los cantaores flamencos vocalizan fatal y no se entiende lo que cantan. Como la obra no tenía partes habladas supongo que es de la música, de las letras, de donde debería sacarse buena parte del sentido de la obra pero como apenas uno de ellos cantaba de forma inteligible, no acabé de enterarme de casi nada - el libreto. ¿Dónde estaba? Eva Yerbabuena habrá planteado su espectáculo con mimo y sabrá a qué responde cada acorde o cada zapateado de la hora y media larga que dura pero ¿a qué viene esa entrada pseudoexpresionista sobre música de piano de Debussy? ¿El hombre del hábito blanco del cuadro final era el cura o el novio? ¿No sería más fácil repartir el libreto de la obra, aunque fuera resumido en el programa, para que los espectadores no expertos supiéramos lo que estaba pasando? ¿O esto es como una película de Bergman y que cada uno se componga su historia? En lo que al espectáculo en sí se refiere, Eva Yerbabuena parece una mujer con talento y decisión suficiente para liderar su propia compañía. Debería adelgazar un poco o evitar el trae de chaqueta y pantalón porque el mejor repiqueteado del mundo queda un poco friki si al hacerlo se acompaña de barriguilla saltarina. Los bailarines, ellos, resultaron muy contundentes y ejecutaron sus partes brillantemente y ellas hicieron lo propio aunque un poco ensombrecidas por la Yerbabuena, a años luz de sus pupilas. La música sonó bien. En lo técnico, quizá deban afinar un poco el audio para reproducir fielmente la imagen estéreo (yo lo oía todo por el mismo altavoz) pero la sonorización fue bastante buena; tampoco es que dos guitarras, un percusionsita, un flautista y tres palmeros fuera una formación muy exigente. En lo artístico, destacó positivamente el guitarrista principal (creo que se llama Paco Jarana, ¡chapeau!) que ejecutaba perfectamente y siempre tenía recursos para añadir un puntillo brillante a cada pieza. Más bien lo contrario hizo la flauta dulce al derrapar en algunas improvisaciones y escalas más jazzísticas que flamencas. El resto, las luces, el vestuario y todo eso, supongo que correcto. Digo supongo porque cuando vea más espectáculos de estos podré comparar pero yo no eché en falta más recursos para el espectáculo. ¿Vale la pena pagar 15 euros para ver "A cuatro voces"? Sí. Si una entrada para el cine vale cinco euros o una simple pizza vale catorce con ochenta y cinco, es razonable pagarlos para echar un rato. Para los fans será barato, para el público en general, razonable.
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