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El acto de inauguración del Festival Internacional de Poesía reune la poesía de Juan Gelman y la voz de Estrella Morente
Eran las ocho en punto cuando una larga cola comenzó a avanzar hacia el interior de la Huerta de San Vicente. Algunas personas mayores comentaban que no tenían invitación pero que estaban allí para ver si a alguien le sobraba una o simplemente para intentar colarse: parece ser que solamente la juventud no practica este tipo de vandalismo.
El sistema de reparto de invitaciones por internet ha excluído a un sector del público pero ha sido la manera más justa de repartir 350 plazas según la organización. A la hora del envío de mails ya se habían dado todas y más de uno se llevó un chasco al llegar a su oficina a primera hora de la mañana y ver el cartel de "agotadas" en la página del Festival.
Problemas de intendencia superados conseguimos alcanzar unas sillas de madera y esperar durante una media hora la salida a la palestra de Benjamin Prados y Juan Gelman. El primero presentó al segundo desde el total conocimiento de la obra del argentino y remarcando el respeto y la amistad que los une. Resaltó el factor del exilio en su obra y el largo trayecto de compromiso y dolor que marcan su versos para transformarse finalmente eb amor y esperanza.
Los gritos de ¡Queremos entrar! se mezclaban con los primeros versos de la lectura del poeta. "Rojos" representa un homenaje a los treinta años de la muerte de Lorca, un ser, según definió el propio Gelman, "indisolublemente unido a su infancia en los años 30". El tiempo iba pasando y los poemas sucediéndose. La noche se apoderaba del maravilloso entorno y cuando el del barrio de Villa Crespo cerró su lectura con "Tiempos" los pájaros dejaron de cantar. Casi durante tres cuartos de hora las aves canoras lo habían acompañado para endulzar su tono lineal y marcado por el paso de los años.
Estrella Morente no se hizo de rogar y se fue prácticamente a la velocidad que llegó. Con su esplendorosa presencia disculpó la ausencia de su padre y se enfrascó en "Preciosa y el aire" cerrada a la perfección por alegrías. Siendo sinceros la mayoría de los presentes esperaban sin duda esta parte del acto y quedó claramente demostrado por el silencio sepulcral que reinaba en el ambiente cuando la granadino interpretó "Las morillas de Jaen", canción que popularizaran Lorca al piano y LA Argentinita cantando.
 | | Gelman, poeta marcado por el exilio (festival) |
Pero todo lo bueno se acaba y el borche de oro corrió a cargo de "Yerma" y el remate de "Anda jaleo" donde la gitana dió unos pasos de embrujo que bajaron uno de los tirantes de su vestido en un gesto de pasión y entrega.
La puerta y la luz de Lorca seguían encendidas mientras que marchamos a nuestros hogares. El de Fuentevaqueros fue un perfecto anfitrión en una velada fantástica en el suyo, la casa de todos los poetas, la casa de todos los granadinos.
JMRojas Editor www.granadaenlared.com
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