Nadie puede decir que "Plataforma" es una obra fácil. De hecho llega a aburrir durante casi sus dos horas de duración. Personalmente creo que aburrir es una de sus funciones. Nuestras vidas son aburridas, nuestras eyaculaciones son aburridas, todo eso también está dentro de Plataforma.
Echanove hace creible un papel increible. Un funcionario francés que marcha a Thailandia en busca de un paraiso sexual, en busca del sexo por dinero, y sin embargo encuentra el amor en una mujer occidental. Lo inesperado se produce entre conversaciones con otros personajes que para nada pueden tildarse de secundarios. Contínuas reflexiones en voz alta, párrafos individuales donde se tratan sin ningún miedo la prostitución infantil, la trata de blancas o el terrorismo islámico.
Una masturbación intelectual en contrapartida a la física. ¿Demasiado sexo? Quizás sí. ¿Demasiadas reflexiones? Quizás no. Quizás es que haya demasiados problemas y muchas contradicciones internas en la obra pero el espectador no puede negar que desde el principio se huele en el aire que nada puede acabar bien, que Michel no asimila la felicidad de Valérie.
Civilizaciones enfrentadas en una lucha por el intercambio de placer y el amor de los orientales por el karaoke. Todos los personajes entonan alguna canción desesperada. Las películas pornográficas no paran de provocar desde los monitores de la plataforma y el público parece no tener miedo de enviarse de un rincón a otro la muñeca hinchable con la que el protagonista ha simulado un cunnilingus ayudado con una tarrina de crema de cacao.
Los personajes han logrado que los presentes se condensen cerca de la plataforma, pero su mayor virtud es que minutos después obtienen la victoria por el deseo mayoritario de que todo acabe. No porque tengamos el coche aparcado en doble fila sino porque a cada minuto que pasa nos damos cuenta de que todo no es tan exagerado como al principio nos parecía y que nuestra personalidad en algún momento no es tan distinta a la de los actores.
Echanove encabeza una obra donde la provocación está servida desde el primer segundo (teatroalhambra)
Se apaga la luz y se aplaude. Creanme ustedes si les digo que muchos por compromiso, y que costó levantar al José Tamayo de sus asientos. El conservadurismo desmedido encierra hasta a los más progresistas de poncho y rastas.