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El principe tirano: Nadie cuestiona los mediosAnte un escenario que bien podría parecer el despacho de un "broker" de Wall Street se sienta el espectador que vaya al José Tamayo hasta el domingo. Cierto recuerdo en el fondo y la forma a obras del séptimo arte de la última decada como "Romeo y Julieta" de Baz Luhrmann o "Hamlet" de Michael Almereyda (sobre todo a la última citada). Pero sobre un ejemplo de la filosofía de Maquiavelo: El fin justifica los medios. Licímaco mata a su hermana con tal de heredar el reino de Colcos y si fuera necesario matará a su mismo padre.¿Llegará a ser rey? Sí, lo consigue en la primera parte de una obra que de seis horas posibles llega a noventa minutos divididos por una denominación de comedia y tragedia que el público no logrará separar salvo por las indicaciones narrativas de Fernando Mansilla(un educador con tintes demoníacos que produce respingos en los presentes).
A continuación reproducimos parte de la entrevista cedida por el José Tamayo a Moncho Sánchez- Diezma, Licímaco en la obra. Pregunta: Antonio Álamo asegura que, al principio, le costó entender la psicología de Licímaco, muy voluble en el original. ¿Usted cómo ve ahora el personaje, después de la dramaturgia? Respuesta: Licímaco sigue siendo voluble, porque lo que ocurre es lo mismo :que ocurría en el :exto original,. Antonio :Álamo ha cambiado cosas de dramaturgia para que llegue al espectador de ahora y para que posea cierta lógica, pero sigue siendo un personaje que el propio texto indica que es desconcertante. De repente va por un lado, luego va por otro, hay momentos en que parece tener un objetivo y después es uno diferente. Parece que persigue el poder, pero lo cierto es que persigue también otras cosas: arrastra problemas con el padre. Todo eso hace de Licímaco un personaje que responde a unos estímulos, después a otros. Es casi bipolar; aunque tenga una lógica interna es difícil llegar hasta él. P: ¿Por qué cree que la obra no se representaba desde 1580? ¿Quizás su crítica al poder era demasiado atrevida para su época? R: Yo creo que sí. El tema del poder, tal como lo plantea esta obra, era inimaginable en aquella época. El autor lo sitúa en otro punto, en Colcos, en Grecia, para quedar un poco más libre para lanzar su crítica. Es una forma muy directa de abordar el poder. En el Siglo de Oro, la palabra del Rey era prácticamente como la palabra de Dios. Llegaba al final de la obra para arreglar los desaguisados y, aquí, son precisamente el Rey y el príncipe los que organizan esos desaguisados. Aparte, el texto se dividía en una comedia y una tragedia que sumaban seis horas de representación, lo que hacía que técnicamente fuera difícil de escenificar. P: Esta versión utiliza la ironía como un espejo sutilmente deformado que potencia las contradicciones de la naturaleza humana. R: Especialmente en la parte del secretario, que dicta las leyes y está poniendo una puntilla irónica a lo que pasa. Cada ley introduce la :escena siguiente, ahí hay mucha carga de ironía. El secretario dice, por ejemplo, Ley 30. El poder se consigue de tal manera., y luego lo que se muestra es a los personajes haciendo todo lo contrario, o siguiendo la ley y provocando un disparate. Es una forma muy ingeniosa, muy bien planteada, de darle una perspectiva al espectador al mismo tiempo que éste se va metiendo en la historia.
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