Published On: Mar, Feb 9th, 2016

¿Cualquier momento es bueno para invertir en Bolsa? No. Pero casi.

Quienes tenemos interés por la cosa económica estamos últimamente un tanto desorientados por la situación en la que se ve envuelta la economía global en estos meses.

Por un lado, la caída del precio del petróleo ha pillado a todo el mundo con el pie cambiado. No son ya sólo las aerolíneas que tenían contratado queroseno para los próximos dos años a partir de un precio del barril alrededor de los 100 dólares (o las aseguradoras que cubrieron la viabilidad de esa operación), el quebranto se extiende a compañías petroleras, constructoras y financieras relacionadas íntimamente con este negocio. Mientras los ciudadanos vuelven a ver en los surtidores precios que ya no recordaban, en los mercados financieros se oye el crujir de dientes de empresas que ven caer en picado sus acciones en previsión del descalabro que puede suponer la estabilización del oro negro en esta banda de precios (la necesaria para que los clásicos productores del petróleo acaben con los nuevos, que producen a precios más caros como Rusia, Noruega, Estados Unidos, etc.).

Por otro lado, el optimismo consumista con el que arrancó el milenio parece haber llegado a su fin y en todo el mundo se empiezan a extender los períodos de uso de ordenadores, teléfonos móviles, coches, electrodomésticos y todo lo que soporta la obsolescencia programada por las corporaciones fabricantes. Por ejemplo, las luces LED: son baratas, económicas a largo plazo y duran varios años, así que cuando ya se ha instalado un parque considerable de este tipo de bombillas, ya sólo hacen falta las que se usan para reponer las que se funden, que no son muchas y tardan varios años. Esto mismo se puede aplicar a los ordenadores (que siguen siendo útiles con 10 años) y a cientos de productos que se han fabricado desde Oriente para los mercados occidentales y que, de golpe, se han encontrado en una situación de sobrecapacidad productiva que no se imaginaban que les iba a llegar.

Histórico del Ibex35

El tercer pilar que sostiene este desbarajuste son los planes expansivos de los principales bancos centrales o, en román paladino, el truco del almendruco que han usado, por este orden, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea. El asunto es así de sencillo:

  1. el país (o grupo de países) ha llegado a un nivel de renta y de envejecimiento de la población que hace materialmente imposible competir con la producción de China y otros países en vías de desarrollo
  2. los ciudadanos, haciendo como que no quieren la cosa para después echarle la culpa a “los políticos”, eligen a los gobernantes que prometen sostener artificialmente el nivel de vida mediante pensiones, prestaciones públicas y subsidios de todo tipo; el político que prometa recortes, no sale. Es así de simple.
  3. los estados incurren en déficits públicos astronómicos y para financiarlos emiten deuda pública; nadie en su sano juicio prestaría dinero a alguien que todos los años gasta el 30 o el 40% más de lo que ingresa y no tiene intención de recortar sus gastos o no sabe cómo aumentar sus ingresos pero…
  4. los bancos centrales encienden la máquina de imprimir billetes y crean billones de yenes, dólares o euros y casi se los regalan a los bancos para que éstos se los presten con buenos intereses a los estados.
  5. con el dinero recibido, el estado paga a sus empleados públicos, a los constructores de carreteras, a los limpiadores de hospitales y todos esos ciudadanos pueden seguir comprando productos orientales a bajo precio y manteniendo artificialmente su nivel de vida

Sin embargo, todo este tinglado empieza a tambalearse porque algunos actores del circo empiezan a darse cuenta de que la deuda está alcanzado el nivel en el que deja de ser “pagable”, cosa que ya hemos visto en Grecia. Los niveles de deuda de Estados Unidos, España, Italia, Reino Unido, Francia o Japón están llegando al límite de lo creíble.

Y si entonces las perspectivas son tan malas ¿vale la pena invertir en bolsa?

Como en todo, la clave está en la ponderación. Hay que ignorar a quienes hablan en los bares de cuánto ganan o pierden “metiendo dinero en acciones” y plantearse con serenidad una buena estrategia para invertir en bolsa. Damos por hecho que se entiende la diferencia entre ahorrar e invertir: se ahorra para salvar períodos de nuestra vida, previstos o no, en los que nuestra capacidad de producir ingresos no va a ser suficiente para cubrir nuestros gastos: la vejez, enviar a un hijo a estudiar al extranjero, una enfermedad larga, etc. Se invierte la cantidad disponible que excede de lo que consideramos necesario para esos períodos o circunstancias.

Históricamente la Bolsa es rentable como inversión si no se compra en momentos de euforia en los que todo el mundo gana “jugando en Bolsa” (los precios estarán altos y caerán irremisiblemente) o en momentos de desplome pensando que, “como ya no va a caer más, pido un préstamo para comprar acciones y me forro con la subida”. Desde luego, en un momento de euforia no estamos (tampoco hemos llegado a los 6.500 puntos del Ibex35 de 2.012) y parece que las malas noticias no dejan de llegar ni van a remitir en las próximas semanas así que, seguramente, a lo largo de esta primavera se producirá primero una calma chicha y después, para el verano, se verá la primera recuperación lenta pero sostenida a muy largo plazo. Es decir, si lo que se pretende es invertir para muchos años, éste puede ser un buen año. Decir ya en qué valores y en qué momento es demasiado arriesgado y es una decisión que corresponde al inversor quien, como siempre, presumirá de sus aciertos y se guardará para siempre sus errores.



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