Al mismo tiempo que por el mar se producía la llegada de comerciantes y pobladores fenicios y cartagineses, desde el interior de la península se estaba expandiendo simultáneamente un grupo de pueblos agrupados bajo el nombre de iberos que, al parecer no guardaba entre sí ninguan cohesión sino que era el fruto de alginas ciudades que habían tenido cierto éxito agrícola, comercial o militar y habían conseguido prosperar y crecer hasta el punto de necesitar nuevas rutas comerciales, productos o, simplemente, territorio donde asentar su excedente de población. Como continuación (bastante lógica por otra parte) de las culturas argárica y tartésica, los iberos se organizaron en Andalucía oriental en dos grandes grupos: los bastetanos, en torno a su ciudad matriz Basti (la actua Baza) y los turdetanos, ligados a la zona comercial del Valle del Guadalquivir.

Prácticamente todo lo que hoy es la provincia de Granada estaba ligado al área comercial de los bastetanos, quienes disponían de un eficiente sistema de organización territorial basado en ciudades estratégicamente situadas junto a fértiles vegas y en las intersecciones de la rutas comerciales. Con un asombroso parecido al recorrido que actualmente tiene la autopista A92, las principales ciudades aliadas o controladas de los bastetanos eran Acci (Guadix), Illiberis e Ilurco (Pinos Puente). Hay que tener también en cuenta que junto a estas ciudades de cierta importancia (2.000/5.000 habitantes) coexistían numerosas aldeas diseminadas y pequeños núcleos dispersos de población y que el sistema político propio de cada uno de ellos podía variar desde la monarquía a la tribu más pura y simple.

En esta época se produce un enorme avance en la agricultura, definitivamente convertida en el modo principal de vida y en las técnicas de cultivo y transporte; el regadío se generaliza en fértiles vegas; se refuerza la importancia del caballo como medio de transporte y como medio de combate; la moneda se generaliza como medio de pago y la riqueza se convierte en divisa diferenciadora entre clases sociales. Es precisamente de los enterramientos de las clases altas de lo que más restos han quedado en yacimientos como los de Galera, Baza y El Cegarralejo. Destaca entre todos estos restos la hierática Dama de Baza por su excelente conservación y que da idea del grado de refinamiento a que habían llegado los pueblos iberos de la península.