Al igual que en el resto de reinos de taifas de la península ibérica, el reino de Granada se caracterizó por su debilidad y por las constantes divisiones y luchas internas. Aprovechando esas ventajas, a finales del siglo XI los almorávides del norte de África desembarcaron en la península dirigidos por Yusuf Ibn Tasufin, quien en esos momentos gobernaba um imperio desde Argel hasta Senegal.

Con ciertas simpatías locales que no veían bien el desgobierno de los ziríes y el apoyo de personajes influyentes como el cadí Abu Yafar, Tasufin entra en Granada en el año 1.090 y destrona al último rey zirí, Abd Allah, e integra los territorios de Andalucía Oriental en su imperio, enfrentándose a otras taifas y a los propios reyes cristianos del norte de la península.

A su muerte, los mozárabes granadinos iniciaron serios levantamientos que pusieron en aprietos a su virrey, Alí Ibn Yusuf. Éstos pidieron apoyo al rey de Aragón Alfonso el Batallador quien al frente de sus tropas inició en el año 1.125 una turbulenta correría que le traería desde Valencia a Murcia y desde allí a asaltar y devastar Baza y Guadix, acampar en Diezma, recorrer tierras de Jaén y Córdoba para volver hacia Loja, saquear la Alpujarra y el Valle de Lecrín y finalmente intentar tomar la propia ciudad de Granada. Agotado tras quince meses de correrías y vislumbrando la dificultad de hacerse con la capital, el Batallador regresa a sus dominios mediterráneos y deja expuestos y sin apoyos a los mozárabes que le habían reclamado, lo que les supuso una severísima represión por parte de los gobernantes almorávides.

A la muerte de Tasufin, último de la dinastía almorávide, serán los almohades (hombres de la montaña) los que intenten ocupar el espacio político vacante y, partiendo del norte de África, ocupen de nuevo los territorios musulmanes de península tras doblegar una tras otra a todas las taifas. En concreto, conquistan la ciudad de Granada en el año 1.157.

Pese a la pretendida estabilidad política de los almohades, no faltaron intentosen diversas taifas por recobrar la indepenciamovidos por intereses locales y poderosas familiasdespojadas de sus anteriores privilegios. En Granada, el más conocido de estos episodios fue el protagonizado en 1.162 por Muhammamad Ibn Sad quien se enfrentó a los almohades en la sangrienta batalla de La Sabika con colaboración almorávide.

Pese a que los almohades consiguieron imponer cierta estabilidad e incluso frenar el impulso conquistador de los reinos cristianos, la victoria de las huestes cristianas en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1.212 suponía la apertura de las vías de acceso hacia Andalucía Occidental y el fin del sueño de Al-Andalus.